NECESIDAD DE UNA FILOSOFÍA DE LA EDUCACIÓN
Hildebrando Luque Freire, M.Sc.
En el trabajo escolar diario se suelen tomar decisiones de diversas
categorías y en diferentes niveles que no necesariamente resultan del intento
de educar hacia metas deliberadas, explícitas y de conocimiento público. Ningún
padre o educador sabio desea que el currículo escolar se decida por factores
aleatorios que hagan poco eficiente la formación de niños y adolescentes.
Un currículo consciente, ampliamente discutido y razonablemente decidido es
el único camino para garantizar que los aprendizajes sin fines, inútiles e
indeseables no desperdicien el tiempo y la energía de estudiantes y profesores,
y los recursos institucionales especialmente el económico. El problema se
establece entonces en relación a las decisiones curriculares versus la variedad
de concepciones educativas. Los puntos de vista alternativos sobre las metas y
los objetivos del currículo presentan un problema intelectual y humano
complejo.
¿Cómo podemos establecer qué concepción es mejor o la mejor? No hay
respuesta a esta pregunta excepto si uno está persuadido por un conjunto de
valores básicos o creencias. En consecuencia, la institución educativa nacional
como tal debe adoptar ciertas metas y objetivos para su estructura curricular y
justificarlas en referencia a un conjunto explícito de postulados que
constituyen su filosofía.
Revelar una filosofía escolar es permitir la crítica. Esto siempre es
deseable, aún si ello significa la revisión constante de metas y objetivos.
Desde la perspectiva del educador, las metas y objetivos elegidos deben poderse
defender con argumentos razonables. No hay nada más necesario en educación que
personas que conozcan lo que creen, que puedan dar los mejores argumentos, que
sustenten sus creencias y que puedan establecer deliberadamente metas y
objetivos de un currículo escolar fundado en una filosofía. Probablemente toma
años aprender a hacer esto coherentemente, pero no hay mejor momento que el
presente para empezar a pensarlo y a hacerlo.
Cuando se haya hecho elecciones explícitas acerca de la filosofía, las
metas y los objetivos, entonces las elecciones restantes sobre qué y cómo debe
enseñarse son más fáciles de decidir dentro del sistema de ideas establecido.
Ideas y no sólo técnicas son los instrumentos esenciales del educador en todos
los niveles.
La filosofía de la educación, a diferencia de la teoría general de la
educación, pretende una comprensión de los fundamentos y una crítica del hecho
educativo desde sus presupuestos antropológicos. Tarea no fácil, pero tarea
posiblemente gratificante y necesaria. Por ello, la filosofía de la educación
puede considerarse como el saber teleológico de la educación. Importa el fin de
la educación, el estudio de la persona y la propia acción educativa, pero
contempladas desde la perspectiva de la finalidad: para qué se educa.
La filosofía de la educación reflexiona sobre la naturaleza, esencia y
valores de la educación del ser humano que es simultáneamente biológico, psíquico
y social. Siendo que toda teoría filosófica conduce a una actitud e intenta
explicar unitariamente la realidad, de ello se deriva la importancia de la
filosofía para la educación. Si ésta pretende formar al hombre en su
integridad, qué más que la filosofía puede darle una idea de esa integridad. La
sociedad y los educadores en particular no pueden emprender su misión, si antes
no tienen claridad meridiana de las metas a las que deben llegar y un esbozo
del camino que se debe seguir; es decir una imagen del hombre a formar.
En estos momentos de la sociedad mundial, la filosofía de la educación no
puede ignorar el perfeccionamiento y expansión de los medios de información y
comunicación masiva, el avance de las ciencias y la tecnología, y la creciente movilidad
geográfica, que determinan la cantidad y variedad de información que se produce
en la sociedad peruana y a nivel mundial sobrepasan la capacidad del ciudadano
para procesar dicha información. Esta situación plantea a la filosofía de la
educación y a la pedagogía nuevos retos, no sólo con la supervivencia del
hombre sino también con la conservación de su autodeterminación y el ejercicio
de su corresponsabilidad social dentro del complejo de sistemas burocráticos en
los cuales está inmerso. De igual manera, los retos que significan desarrollar
la capacidad de diferenciar los valores auténticos de los pseudo valores y que
la sobreoferta de información afecte negativamente el desarrollo cognitivo y
afectivo equilibrado del hombre, nos conducen a intentar establecer cómo
enfrentar la situación relacionada con la dependencia progresiva del hombre
respecto de los sistemas informativos que lo pudieran convertir en presa fácil
de la manipulación.
Es sabido que los sistemas educativos en general, se caracterizan por su
resistencia a cualquier innovación que promueva un cambio importante en el
mismo. No constituyen una excepción las nuevas tecnologías a cuyo avance en
todas las áreas de nuestra sociedad estamos asistiendo. La microelectrónica
viene revolucionando desde los sistemas de comunicación e información hasta los
de producción, pero en menor medida aún la educación. A la cabeza de las nuevas
tecnologías está la informática la cual está dejando de ser un fin en ella
misma para convertirse en una potente herramienta en toda actividad humana, lo
que obliga a que cualquier persona se convierta en usuario de algún tipo de
instrumento tecnológico o paquete lógico. El impacto social de estas
tecnologías tiene reflejo en la enseñanza, principal instrumento de transmisión
y generación cultural en nuestra civilización.
Comentarios
Publicar un comentario